Esteban Andrada atajó un penal en el arranque y luego el defensor y el Apache, en dos oportunidades, castigaron al equipo venezolano.

 

Boca Juniors dio otra muestra de solidez, de aplomo y de experiencia. Porque más allá del 3 a 0 a Caracas, lo más valioso es que el equipo volvió a jugar bien. No se desesperó nunca, ni siquiera cuando tuvo un penal en contra. Y en ese contexto observará con tranquilidad el sorteo de los octavos de final de la Copa Libertadores, previsto para hoy a las 12.

Parecía que por el hecho de tener asegurado desde hace tres semanas no solo el boleto a la siguiente etapa, sino también un lugar en el copón de los primeros, el equipo de la Ribera iba a menospreciar el partido con Caracas. Que no iba a encontrarle entusiasmo y lo jugaría a media máquina. Cuidando a sus futbolistas de riesgos innecesarios de lesiones o sanciones disciplinarias.

Pero no fue así. Porque el equipo salió a jugar con la voracidad de siempre. Con ese estilo que le supo impregnar Russo a comienzos de año, de buscar la victoria desde el inicio, como si la clasificación no estuviera definida de antemano. Y entonces, el Xeneize edificó una goleada que terminó siendo un monólogo. Incluso, por momentos se floreó.

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